Lo que se opone a tu victoria

Apóstol Bernardo de Quesada Salomón

Entre las estrategias del enemigo de las almas para tratar de inhibir la ofensiva de la Iglesia se encuentran la acusación, la destrucción de nuestra confianza y la intimidación.

Acusación: El diablo nos acusa ante Dios y también habla mal de las personas que nos rodean. Al repetir nosotros estas acusaciones, hablando descompuestamente de alguien, hacemos el papel de diablo. El lenguaje de los dos reinos es diferente: en el de oscuridad, es acusación; y en el de luz es la intercesión.

 “Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche” (Apocalipsis 12:10).

 “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:34).

“Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).

El diablo trata de hacernos dudar del amor, sabiduría y propósitos de Dios con nosotros.

Destrucción de nuestra confianza: Es una de las primeras tácticas del diablo, hacernos dudar del amor, sabiduría y propósitos de Dios con nosotros, (Salmos 138:8). Desde la misma Eva hasta hoy, el acusador tergiversa las palabras del Señor, y nos pregunta: ¿Será que Dios de verdad busca tu bienestar? ¿Se fijará el Dios Todopoderoso en alguien como tú que vive en esa Isla cubana?

Intimidación: Al enfrentar situaciones en la vida, nuestra reacción no debe ser de temor, sino de confianza. Es lo que busca el enemigo al atacarnos, encontrar una reacción débil o de cobardía; y si así fuera, hemos perdido casi la batalla.

Hagamos oraciones con valor, si el consejo nos lo diera el apóstol Pablo, diría “sean hombres” (1Corintios 16:13). Las palabras de fe que liberemos en Guerra Espiritual abrirán puertas o las cerrarán. El reino de satanás siempre gobierna por medio del terror, nunca por medio del amor. Cuando pierde esa posibilidad de asustarnos o intimidarnos, se le quebranta todo el poder sobre nosotros.

Cuando el creyente tiene miedo, su fe se anula. Cuando su fe se anula no puede operar en lo sobrenatural.

Compiló hace algunos años el ingeniero termofísico, Evangelísta Luís Daniel Betancourt: “Lo más terrible del temor en el creyente es que lo anula y lo hace inoperante. El perdedor trata de intimidar a la Iglesia porque sabe que una Iglesia paralizada por el miedo no representa amenaza alguna para su reino.

Cuando el creyente tiene miedo, su fe se anula. Cuando su fe se anula no puede operar en lo sobrenatural. Cuando no se opera en lo sobrenatural entonces se opera en lo natural, y aunque su actividad pueda parecer impresionante, en esencia no es más que una nueva forma de religión sin poder”.

Así están muchas de las Iglesias en Cuba, dando la triste y vergonzosa apariencia de vida, pero andan sin poder y comprometidos hasta el infinito con los hombres. “Camina en la autoridad dada por Dios, o alguien la tomará y la usará en contra tuya”, ha dicho John Bevere.

O como escribió Edmund Burke: “La única cosa necesaria para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada.” Una persona intimidada honra más a lo que le teme, de lo que honra a Dios. Dándose cuenta o no, se somete a lo que lo intimida. Con frecuencia no estamos preparados para sufrir aflicciones, persecuciones y pruebas. Como los niños, estamos cómodos con la rutina en nuestro status quo.

Edmund Burke: “La única cosa necesaria para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada.”

 “Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él” (Filipenses 1:29). Medite en este principio: ¡servirás a quien temes! La Iglesia no ha entendido el temor al Señor, este es un elemento muy significativo en la vida de un Discípulo de éxito.

Por otra parte, el temor del hombre te amordaza, (Proverbios 23:25). El temor al hombre te roba la autoridad que Dios te ha dado, y su don va a permanecer dormido en ti. Si le temes al hombre, servirás al hombre, si le temes a Dios le servirás a Él.

Aarón le temió al resto de los suyos y les hizo un ídolo, (Éxodo 32:1-4), le dio lo que ellos querían y no lo que ellos necesitaban. El hombre que teme al hombre, está más preocupado por lo que el hombre piensa de él, que lo que piensa Dios. Así, ofende a Dios, para no ofender al hombre.

 Recuerde que Dios juzga todo por la eternidad, mientras que el hombre juzga durante setenta u ochenta años. Si huyes una vez a causa de la intimidación, es más fácil huir la próxima vez. El Reino de Dios no es una democracia, es un Reino. ¡En él, la popularidad no es importante!

 De una de las cosas que deben liberarse los que sirven al Señor, es del concepto de opinión pública. Solo dos cosas te pueden hacer ceder a las presiones de intimidación: El Amor a tu vida biológica y el Temor por perder las cosas materiales. Si Te das cuenta de que ambas están en manos de Dios dejarás inoperantes las maquinaciones del diablo.

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Un comentario

  1. yilber durand dominguez

    gracias a Dios por estas palabras creo que nos revelan a Dios como Roca, Castillo, libertador, fortaleza y como nuestro mas alto refugio

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