Transicionando de lo tradicional a lo revelacional

Apóstol Bernardo de Quesada Salomón

Cada vez que pasa determinado tiempo el Señor oxigena su Iglesia, pues a ratos esta se queda rezagada en prácticas y costumbres que no funcionan. Hoy nos urge seguir ascendiendo en algunos elementos transicionales.

Es romper la mentalidad de que todo gira alrededor del templo de reunión. Este es un sistema heredado del catolicismo, la mentalidad parroquial de 100 miembros.
Se debe de meter a la iglesia en el trabajo ministerial, claramente, no se excluye o ignora el edificio, pero teniendo en cuenta, por ejemplo, los grupos pequeños.

En el Nuevo Testamento vemos a la Iglesia en las casas y mercados (Hechos 2:46; 12.12; 20:20; Romanos 16:15; Colosenses 4:15 y Filemón 2).

Jesús dijo “vayan fuera a llevarles el mensaje” y nosotros hemos hecho lo opuesto “vengan a la iglesia a oír el mensaje”. Hay congregaciones con el síndrome de cultitis, tienen tantas actividades a la semana entre las cuatro paredes que sus miembros ni tiempo tienen para evangelizar. ¡La hiperactividad no hace crecer una iglesia, lo que lo hace es la objetividad!

Otra de las transiciones necesarias en la actualidad, es respecto al ministerio del pastor. La idea de que el pastor predica, evangeliza, casa, despide duelos, aconseja, y visita los hospitales, es totalmente errónea. Hay que involucrar a todos en el trabajo del Reino. El discípulo que está en tu congregación con deseos de trabajar, no es un enemigo que el diablo tiene allí, es una mano ayudadora para que la obra sea hecha en plural. Activemos los ministerios de servicio (diáconos) y los de gobierno (ancianos, efesios, etc) para poder tener un crecimiento real y que el pastoreo sea efectivo.

Otra importante es la transición a pasar de consumidores a productores. ¿Por qué las iglesias están llenas de creyentes tibios y débiles? Tiene que ver con el tipo de semilla que fue plantada, y es el énfasis de Jesús como salvador y sus beneficios (sanidad, liberación, entre otras cosas). Pero casi nunca le hemos enseñado a la Iglesia sus aportes al Reino. ¡El rédito!
La Iglesia es la única empresa que está llena de obreros que no rinden ganancias (la ganancia número 1, 2, y 3 de un discípulo, son personas salvas) (Mateo 10:8).

Decía hace unos días en Santo Domingo, Dianita, una de las Efesios del Apóstol Guillermo Maldonado: “En las iglesias apostólicas la gente no gana almas o las edifica porque se les imponga, sino porque se les ha revelado”.

También tenemos que transicionar de un evangelio relacional a uno sobrenatural. Ambos son dos potentes medios evangelizadores para llevar a la gente a Dios. Pero la gente de nuestro tiempo quiere más que palabras, consejos, o principios teóricos de un Dios real. ¡La gente quieren ver a Dios en acción! (Juan 6:2).

Había tres tipos de personas necesitadas en el tiempo de Jesús, lo mismo que hoy: perdidos, enfermos y endemoniados (Mateo 4:23-25). Lo sobrenatural se impone. Parafraseo a T.L Osborn “donde quiera que haya una persona cuyas oraciones sean contestadas, la gente acudirá allí en masas, en vez de ir a ver al filósofo más sabio del pueblo”.

Pablo ya lo advirtió: “Para que vuestra fe no esté basada en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios”. Antes había dicho que cuando fue a Corinto no fue como cuando fue a Atenas; a Corinto se apareció con “demostración del Espíritu”.

Como han podido leer, estos cuatro elementos son vitales para echar hacia adelante la iglesia en nuestros días.

 

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